Star Trek o lo inimaginable · Si quieres, lo ves ONLINE
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Las funciones del relato son múltiples y casi todas esenciales para los humanos. Es decir, necesitamos el relato para construir nuestra realidad pero también como goma para poder borrarla temporalmente; lo necesitamos para descubrir todo el peso de nuestra vida pero también como gigantón que nos ayuda a llevar el fardo… Así, a veces, mi intención cuando voy al cine o me siento delante de la tele es “olvidar”, “desconectar”, “flipar” o como quiera decirse. Lo que pasa es que, a menudo, me sale el tiro por la culata.
Lo digo a propósito de la última entrega de Star Trek (J.J Abrams, 2009).
Me abandoné en la butaca dispuesta a pasar un buen rato. Sin mayores expectativas. No esperaba nada especialmente innovador en lo que a efectos especiales, escenografías, maquinarias y demás artilugios se refiere. Ya se encargó la saga de La guerra de las galaxias de colocar el listón muy alto. Y, por supuesto, no esperaba una lección de filosofía ni de vida (no soy pretenciosa pero soy mayor).
O sea, no esperaba nada del otro mundo. Pero tampoco esperaba que me endosaran una versión tan reaccionaria de éste.
La presencia de mujeres es ínfima, no sólo en número sino en importancia y significado. Su único rol es parir (no educar, ni legar cultura, ni dar sentido, ni crear genealogía, ni generar historia, que eso todo lo hacen los varones) y estar por ahí, en un discreto segundo plano, dispuestas para cuando uno de los protagonistas tenga que vivir el deseo sexual. Pero todo el entramado de la historia se urde al margen de ellas y discurre entre varones buenos, malos, resentidos, alocados, sabios, guapos feos, jóvenes, viejos, terrestres, vulcanos o de cualquier otro planeta. Todo ello en un universo significativo que pertenece a los varones. Las mujeres son artistas invitadas, anecdóticas, marginales a la significación, a la aventura, a la verdadera pasión, a lo que realmente importa. Y no crean que exagero. Si se hace una sinopsis de doce o quince líneas (ésta, por ejemplo) las mujeres desaparecen. Sólo asomarán si nos adentramos en secundarios pormenores erótico-amorosos.
De modo que esta película -como la inmensa mayoría de las ficciones- educa a la mitad masculina de la humanidad (menos mal que a veces la educación falla) para que no sientan ninguna empatía con lo femenino, para que desliguen el deseo sexual hacia las mujeres de los demás deseos y para que igualmente lo desliguen del resto de las emociones y pasiones. Es, en definitiva, una estructura bastante neurótica que les lleva a desear a quienes no les importan en ningún aspecto más. Ya señaló Josep Vicent Marqués que: “La paradoja de la heterosexualidad del varón está en que no le gustan las mujeres como personas”. Desear y despreciar al tiempo es una locura y constituye fuente importante de agresividad masculina hacia las mujeres pues resulta humillante sentirse ligado, “debilitado”, por el deseo hacia quien que no te merece interés alguno, hacia quien consideras un ser de menor cuantía, marginal y, por lo tanto, despreciable. Terrorífico
Según Wikipedia hoy son realidad muchos de los artilugios que la serie apuntaba como premoniciones (pantallas táctiles, el bluetooth, los comandos de voz…). Lógico: las películas de ciencia ficción (o las novelas, pensemos en las de Julio Verne) intentan maravillarnos con avances tecnológicos, intentan pensar cómo será el futuro. Hay sin embargo algo en lo que no son capaces de innovar: la estructura machista y patriarcal de la sociedad. Es como si en ese terreno no pudieran concebir que otro mundo sea posible. Pueden imaginar planetas sorprendentes, seres extraños, ciudades fantásticas, situaciones extremas, etc. (así lo hacen La guerra de la galaxias, El señor de los anillos, Superman, ésta que comentamos o muchas otras) ¿Qué no cambia? Pues que la historia, el significado, el relato pertenece a los varones y que las mujeres existen exclusivamente en función de ellos: parirlos (aunque en Blader Runner ni eso) y satisfacer su sexualidad.
Estas películas no sólo no innovan sino que se aferran a las versiones más cutres y conservadoras de nuestra realidad. Pues, en efecto, ya no vivimos un mundo monolítico. El patriarcado presenta fisuras, las mujeres hemos avanzado en todos los terrenos. Hay varones que no se consideran a sí mismos o a los otros varones como el centro del universo, que quieren de verdad a las mujeres (y no sólo para el sexo o la intendencia doméstica). Por eso me indigna que tantas películas sean tan extremadamente reaccionarias.
Algun@s de ustedes pensarán que con este “nivel de exigencia” es lógico que no encuentre films con los que relajarme y disfrutar. Vamos, que es por mi culpa, no por la de Star Trek.
Y digo yo ¿por qué el cine, arte de nuestro tiempo, se empeña en decirme que mi vida y la de la mitad femenina de la humanidad es pura anécdota secundaria?
Pues eso. Espero opiniones
Pilar Aguilar. Ensayista y crítica de cine
CINE ONLINE
Star Trek (2009)
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Respuesta para Álvaro:
Gracias por el interés que te has tomado leyéndome.
En tu comentario se mezclan muchas apreciaciones de distinta índole.
Que el cine ignora a las mujeres (en un altísimo 90%) no es una opinión, es una estadística. Coge tú mismo la cartelera y cuenta cuántas películas se centran en protagonistas femeninas. Y, desde luego, quién no tiene historia propia y sólo aparece en función de la historia ajena queda ninguneado, borrado simbólicamente, convertido en comparsa de otro.
Aludes a directores que consideras machistas y geniales al tiempo. Sí, los hay. Son buenos (o muy buenos o buenos en ciertos aspectos y mediocres en otros) y machistas. También Grifith era muy bueno y racista. O, en otro orden artístico, Bécquer fue un gran poeta y un buen prosista y antisemita. Son grandes pero no están libres de sus ciénagas, ciénagas que, desde mi punto de vista, no son lo que los engrandece. Ellos son grandes a “pesar de”. Son grandes justamente porque con su arte agrandaron el sentido de lo humano. Así que ese comentario tuyo sobre si Hitchcok pretendía o no educar para mí carece de total relevancia. Me da igual lo que pretendiera -él u otro- me interesa lo que consiguen.
Permite que te diga, sin embargo, que Lars VonTriers es un machista excelso. ¿Qué es eso de la sensibilidad femenina? Es como hacer una película alabando al buen negro fiel hasta la muerte a su amo blanco, o como predicar la virtudes del ayuno en un país devastado por la hambruna. Vamos que a mí Rompiendo las olas también me hace llorar como a Hulk Hogan pero de furor.
Por raro que te parezca, el feminismo no tiene como proyecto político que los hombres nos ensalcen y alaben nuestra capacidad infinita de amor (¿qué amor, además).
Queremos ser dueñas de nuestro propio destino y, desde luego, eso incluye -entre otras muchas cosas- crear películas, protagonizarlas y considerar que nuestra vida no se centra solo en las relaciones amorosas.
Pero, en fin, no voy a comentar todos los directores que enumeras. Desde mi punto de vista Haneke es incomparablemente más interesante que el resto. Porque, vuelvo a decirte, el feminismo no consiste en decir que las mujeres son estupendas sino que son seres de tanta entidad o interés como los varones. Que nuestro papel no es contemplar la gran saga masculina con la esperanza de que en un momento de descanso “vengáis a vernos”.
Y sí, la obra de arte no tiene sexo pero el artista sí. Velázquez es de una época histórica, un país, una determinada estructura social, etc. Su obra es grande en la medida en la que trasciende al máximo esas fronteras. Que es justo lo contrario de decir que el machismo, el racismo, la xenofobia no importan. Y sí Blade Runer es una gran película y es machista y sería más grande si no lo fuera.
Y, por último, dos apostillas: 1. Tu posición es tan ideológica como la mía. No te vaya a pasar como al franquismo que decía que los partidos y la política eran malos (menos su partido y su política). 2. Que conste que tu posición es de mucha más corrección política que la mía. Yo aún soy minoría crítica y corrosiva. Las posiciones que defiendo están mucho peor vistas que las que defiendes tú, por ejemplo.
Respuesta para “thrawn”:
Sí, me siguen sorprendiendo las reacciones tan airadas como la tuya. Y tan irracionales.
Yo te aconsejaría alguna bibliografía pero me sospecho que no debes ser de los que leen.
Según tu fórmula para ser feliz, el grado máximo debe tenerlo un animal debidamente alimentado. Pues fíjate si soy perversa que disfruto pensando.
Saludos,
Pilar Aguilar
y lo peor sera que todo eso lo estas diciendo en serio.
no seria mejor limitarte a ver la pelicula, comentarla como pelicula y dejar de un lado las conspiraciones judeomasonicas.
Que aunque te sorprendas, no todo en el mundo esta en la contra de las mujeres dejandolas a la altura de “meros objetos”
Relajate un poco y deja de ver fantasmas por todas partes anda, seras mas feliz
Hola Pilar
Ante todo me gustaría señalar que respeto tu opinión relativa a que el cine, hoy por hoy, ignora a las mujeres, aunque no la comparto en absoluto.
Me gusta el cine, en general. Y he difrutado con películas de Isabel Coixet, Icíar Bollaín, Pilar Miró (grande, muy grande; te echamos de menos).
Y con Sam Peckinpah.
Era un misógino declarado y brutal en sus relaciones personales. ¿Y qué? Nadie ha tenido nunca un pulso tan descarnado filmando westerns, y Perros de Paja es simplemente sublime. El cine moderno no sería lo que es sin él. Ni sin Hitchcok. No se distinguían precisamente por su tendencia igualitaria, no pretendían educar con sus películas. Tan sólo hacían cine, el más grande, el mejor.
De la misma manera, el mejor relato de la sensibilidad femenina, la fuerza, el coraje, lo he visto en la gran pantalla de manos de Lars Von Trier (Rompiendo las Olas es demoledor, y Bailar en la Oscuridad haría llorar a Hulk Hogan. De Dogville no me pronuncio por inclasificable). Kieslowki (aunque me resulte infumable), Cronenberg (enfermo, pero un enfermo genial), Haneke (me fascina y me revuelve las tripas a la vez) y las mujeres de sus películas: frágiles, fascinantes, terribles, profundas. Y todos estos directores eran hombres.
Lo que quiero decir es que el cine puede ser muchas cosas: herramienta política, entretenimiento, propaganda, arte. Pero al final, lo que importa es la historia y cómo lo cuentas. Y eso es indiferente del sexo. Se hace cine basura y se hacen genialidades, y no me importa tanto el sexo de los protagonistas, o el de su director, como la calida de la producción y la intensidad de la historia.
Se hace buen cine, pero no es cine “para hombres” o “para mujeres”. El mejor, el pata negra, es para todos.
P.S.: Me parece excesivo afirmar que Blade Runner es sexista. Contemplar esta película bajo la lupa de la correción política es perderse una experiencia maravillosa. No se puede bailar tango con botas de esquí.
Lo que no entiendo es como sigue perdurando el mito de la “sociedad patriarcal” y la “necesidad de igualdades”… ¡¡Si hacéis con nosotros los que os da la gana!! Tanto en la ficción como en la no-ficción, diantre.