Cruzando la Noticia

BLOG de Eugenia López Muñoz

¡Hay que estar mal para añorar el pasado!

Eugenia LM

A Suárez, lo que es de Suárez, y a los que siguen vivos, lo que les toca. 

La síntesis de videoteca de las últimas horas ha proyectado a un Suárez sin el día a día que es lo que mata el glamour. Lo que se ha visto es una selección de sus mejores momentos. Aunque no hay más que tirar de hemeroteca para comprobar que no tuvimos un político así de idílico entonces, ni después tampoco, claro. Pero el ser humano necesita algo que lo motive, aunque sea la añoranza de un pasado que trucado fue mejor.

En medio de la emotividad que suscita la desgracia ajena, en este caso la de Suárez que lleva como muerto casi una década, cuesta poco fantasear sobre cómo serían las cosas si el gobierno de España lo presidiera Suárez ahora. Especialmente considerando que el actual presidente prometió antes de serlo todo lo que incumplió después de su Investidura. A Rajoy no le pega mucho lo de “puedo prometer y prometo”.

Mientras Suárez se moría del todo, sonaba burdo un Montoro, en precampaña y en el mismo Telediario, asegurando que el gobierno actual no va a bajar impuestos por una parte para subirlos por otra. La pregunta es qué hará el próximo gobierno Rajoy que salga de la remodelación, si finalmente el ministro Cañete encabeza lista para Europa.

El terreno estaba abonado para convertir a Suárez en mito en las últimas 72 horas. Se le ha visto estos días una y otra vez dirigirse a los españoles a través de la televisión pública de entonces. Algo que ya no se lleva. Lo de última generación es ver a Rajoy en ruedas de prensa fuera de España o en pantalla de plasma arengando a los suyos en pequeños grupos los fines de semana y en convenciones de su partido.

Es tanto el descrédito político en este año 14 que cualquier motivo sirve para mitificar el pasado. Los Pactos de la Moncloa, sin ir más lejos, no se sabe si habrían existido de estar Suárez en mayoría absoluta y no tener tantos opositores —dentro y fuera de la UCD— yendo a saco a por su puesto, además de algunas pistolas inquietas apuntándole a la cabeza.

En Legislaturas posteriores con gobiernos en mayoría simple, también hubo pactos. No es que fueran de Estado propiamente —a veces más bien contra el Estado—, pero lo cierto es que PP y PSOE llegaron a acuerdos diversos con nacionalistas catalanes y vascos, o con Izquierda Unida. Los pactos generalmente eran los que más convenían a los políticos en cada momento. ¿Qué, si no?

En el periodo Zapatero, además de a eso su gobierno recurrió a menudo a la estrategia de ofrecer pactos de cara a la galería, sin voluntad de llegar a ningún acuerdo con el PP. Idéntico postureo exhibe ahora Rajoy con el PSOE. Pactos de Estado al estilo de Juan Palomo, “yo me lo guiso y yo me lo como”, que a la oposición no le queda otra que suscribir o, en caso contrario, ser antipatriota o similares, según el gobierno de turno.

¿¡Cómo no se va a echar de menos cualquier historia pasada que suene mejor!?

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